Como afirma Epstein (2001), la
colaboración entre la familia, la escuela y la comunidad es la clase para la
mejora de la educación, aunque también afirme que cada uno de estos agentes
tiene una historia y unas dinámicas propias que hacen que la relación y el
afecto educativo sean diferentes.
Al referirnos a escolarización,
hay que entenderla, como el mecanismo que vincula dos instituciones que ha
tenido, y siguen teniendo hoy en día, una asimetría de poder y que están
inmersas en un contexto social y político que los sitúa en el debate entre
intereses públicos y privados (Montandon y Perrenoud, 1994).
La evolución entre la escuela y
la familia después de algunos cambios culturales recientes favorecen que exista
una mejor relación entre ellas. Además, la actitud de los ciudadanos respecto a
los servicios públicos ha evolucionado, puesto que están reivindicando más
derechos y se están comportando como consumidores. Las citadas condiciones han
favorecido la lenta pero ascendente presencia de las familias en la escuela y
la creencia y la reivindicación de que con ello se favorece la consecución de
los objetivos de la escuela y de las familias respecto a sus hijos.
Los discursos educativos fluyen
hacia la idea de que la familia y la escuela deben colaborar más de lo que lo
han hecho hasta ahora, y que una buena educación exige el conocimiento del
medio en el que viven los alumnos, así como la representación de éste en la
vida escolar.
Como se ha mencionado en entradas anteriores, los roles familiares han ido
cambiando y, entre otras cuestiones, la incorporación de la mujer al mercado
laboral y la tímida, pero existente, asunción del rol de padre en toda su
dimensión, la incorporación de nuevas figuras (él/la canguro o él/la abuelo/a canguro)
no debería sorprendernos ya que es lo que hallamos cada día en la puerta de
nuestros centros escolares. Además, como indican Fernández, Souto y Rodríguez
(2005), antes de los sesenta la escuela se caracterizaba por realizar la
socialización secundaria mientras las familias se encargaban de la primaria,
pero, a partir de los noventa, la escuela debe desempeñar ambos roles ya que,
como en otros lugares, la familia ha cambiado profundamente en este periodo.

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